Escena de arder del mensajero del más allá

Buenos días!!

Hoy os comparto una escena del mensajero del más allá. ¿Quieres saber qué está sucediendo? ¿Por qué está Arlet con un albañil? ¿Qué le ha pasado a su hija?

#Escenadearder

—Por cierto, y ahora no eludas mi pregunta, ¿qué hacías tú con el albañil buenorro, pillina? Y no me salgas con la patraña de que no hay nada entre vosotros
—Marga, no es lo que parece. Entre él y yo no hay nada. Me está ayudando un montón. Mi casa estaba empantanada con la avería que he sufrido y, casualmente, él tenía una habitación libre. El día que nos viste salimos a dar un paseo para que me enseñara la zona.
—Bueno, vale, lo que tú digas. No es lo que yo vi. Ahí #ardían chispas entre los dos.
—¡Qué tonterías dices! ¡Si no pegamos ni con cola! Somos muy diferentes.
—Bueno, ¿y qué? Para un polvo te vale. ¡Que te quiten lo bailado! Tú no seas tonta y aprovéchate.
Las dos estallaron en carcajadas.
—¡Estás más loca!
—¡Qué sí, Arlet! La vida está para disfrutarla, y a él parecía que le gustabas.
—Viste algo que no es real.
Marga arqueó la ceja y bufó.
—Lo que tú digas. Si no lo quieres ver, allá tú. Cambiando de tema, ¿y Tanit? ¿Qué piensa de estar con él? Entre lo de la nueva novia de su padre y ahora tú la cambias de casa con ese pedazo de hombre…
—De momento, parece que no le desagrada. Y menos mal porque hoy no habría tenido con quién dejarla. Se ha ofrecido a quedarse con ella.
—¿Y eso?
—Ayer estuvo en un cumpleaños y alguien le pegó. Han tenido que suturarle el labio y tiene unos cuantos chichones.
—¡Por Dios! Me dejas helada. ¡Eso es una soberana paliza, Arlet! ¿Cómo puedes decirlo tan calmada?
Arlet suspiró. Si ella supiese…
—La policía está con ello. No me apetece hablar mucho más del tema. Es algo muy desagradable.
—Si me lo hubieras dicho, podrías haberle dicho a mi madre que se quedara con ella porque, por tus palabras, tu madre te ha dejado colgada. Hija, no lo entiendo. Perdona que te lo diga, sé que nunca hemos hablado de ello, sin embargo, tu familia te tiene totalmente abandonada.
—Bueno, ya. Da igual. Sin comentarios. ¿Y tú? ¿Qué hacías tan lejos de tu casa?
—Fui a asesorarme. Tenía unos papeles pendientes del divorcio por resolver. Nada del otro mundo.

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