Escena de mentiras de Mi dulce infierno

Hoy os comparto una escena de Mi Dulce Infierno, una novela juvenil de ángeles y demonios:

#Escenadementiras

—¿Qué le has hecho a ese señor? —prosiguió su madre con dulzura.
—«Nara», mami, lo «pometo». El señor malo me cogió así y me «hasía» pupita. Me tiró al suelo y se quemó.
—¿Y cómo es que ardías? ¿Sabes cómo lo hiciste, hija?
—No, mami, no «sabo». Tenía «muso medo» y el «fego» salió solito.
Su madre le echó una mirada de reproche a su padre y le hizo una señal a Dani. Ambos parecían comprender lo que había sucedido. Fue la primera vez que lo contempló. Dani era un amigo de sus padres y lo habían invitado a pasar el fin de semana. De un soplido, no solo extinguió el incendio, sino que además recuperó la flora quemada. Su madre lo llamó para evitar la presencia de los bomberos. Al inspeccionar el cadáver del hombre, sintió repulsión hacia aquel sujeto que había intentado hacer daño a su hija, así que Dani lo tocó y lo transformó en un espino. La niña ya no ardía, pero su padre se negaba a cogerla en brazos y a dirigirle la mirada. Fue su madre quien la estrechó junto a su corazón. Cuando entraron en la casa y la acostaron, iniciaron una acalorada discusión. Maya salió de su cuarto y, escondida tras la puerta, los espió.
—¿Qué demonios ha sido eso? ¿Puede alguien explicármelo? —chilló su padre confuso.
—Tranquilízate, puedo aclarártelo. —Su madre parecía angustiada—. Soy un ángel sanador de humanos y Dani es un ángel sanador de la naturaleza. Yo curé tu enfermedad cuando nos conocimos. Me enamoré de ti tan perdidamente que no quería asumir tu muerte.
—¿Qué? ¿Llevo viviendo una mentira todos estos años? ¿Por qué no me lo dijiste? —Su padre se alisaba el pelo con sus dedos muy confundido, meneaba la cabeza con incredulidad—. Cloe, dime algo.
—¿Me hubieras creído? —dijo al fin su madre.
—No.
—Entonces ahí tienes tu respuesta.
—¿Y nuestra hija? ¿Qué es?
—Me temo que un demonio, aunque no uno cualquiera, sino uno de los más peligrosos que pueda existir. Mas no la temas, Fernando: tu hija solo actuó en autodefensa. Los demonios también pueden ser muy nobles.
—¿Eso cómo es posible?
—No tengo explicación para eso. Ahora que ya sé lo que es Maya, he de subir al consejo de los cielos con ella. El ángel Gabriel me aguarda y el futuro de nuestra hija depende de cómo sepamos defenderla: seguirá aquí en la Tierra o la confinaran al infierno.
—Espera, siento lo ocurrido antes. No me malinterpretes: yo quiero mucho a nuestra hija, pero me asusté al verla así; tuve miedo. Dime que no pueden hacer eso —preguntó su padre horrorizado.
—Sí, sí que pueden.
Su madre se quebró de repente y rompió a llorar.

Fragmento de Mi Dulce Infierno
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