Reto: Relato con una llamada telefónica muy loca – Gabriel

Este reto lo he hecho para El baúl de lectores y escritores. A partir de ahora, como participo en tantos grupos, voy a diferenciar los relatos que haga para unos y para otros.

Se titula: Gabriel

—Holis!

—¿Helena?

—Sí, soy yo. ¿Quién eres? No me suena tu voz.

—Bueno, es complicado de explicar, tú no me conoces aún, pero yo a ti sí.

—¿Qué? ¿Y cómo es eso? ¿Es que quieres pedirme una cita o algo así? Mira, chavalote, que yo no soy una cualquiera. No quedo con extraños.

—No, no Helena, sonará muy raro, pero tú y yo nos vamos a conocer en el futuro.

—Ah ya entiendo ¿esto es una broma para el programa de la radio Hit Fm?

—No. Escucha, quiero advertirte de que tendrás un accidente con tu coche el 7 de junio del 2028.

—¿Qué? ¿Me estás amenazando? Se lo voy a decir a mi madre. Y ahora voy a colgar y no me vuelvas a llamar. No quiero escuchar cosas de un pirado.

—No, Helena, por favor, escúchame, no es una broma. Por favor, no cuelgues. Te lo suplico. Déjame que te lo demuestre.

—A ver imbécil, no sé qué te has tomado, pero tienes una oportunidad antes de que llame a la policía.

—Te voy a decir cosas que solo tú sabes para que me creas. Cuando eras pequeña, escondiste en el libro de Kika Super Bruja una carta que te escribió tu vecino de enfrente declarándosete. Se mató en un accidente de coche y desde entonces te arrepientes de haberlo rechazado porque te gustaba mucho. Se llamaba Gabriel y todas las noches sueñas que vuelve a la vida. Con catorce años te quemaste los dedos al intentar hacer un huevo y tiraste la sartén al suelo. Recogiste todo con mucho cuidado y te fuiste tú sola al hospital. Te pasaste quince días llevando unos guantes negros finos de tela, aludiendo que te había vuelto gótica y no le dijiste nunca nada a tu madre para que te volviera a dejar sola otro fin de semana. Tu color favorito es el negro. Odias los helados. Tienes un antojo en el carrillo izquierdo del culo. ¿Sigo?

— ¿Co-cómo sabes todo eso? ¿Me estás espiando?

—Te estoy diciendo que confíes en mí. Es algo raro de explicar. Te llamo desde el futuro.

—Oye, venga para ya. Es una broma muy pesada.

—No. Por desgracia no lo es. No quiero que huyas del coche cuando veas a un ser prendido en fuego. Si sales corriendo no podré encontrarte y ellos te atraparán.

—Chico, a ver, que aún tengo dieciséis años. No me fastidies ¿un ser en llamas?

—Sí, tú eres muy especial.

—Ya, claro. Y ahora me dirás que yo no soy de la tierra. Oye majete, está muy bien esta conversación pero ¿me has tomado por tonta?

—Helena, ¿Cómo sé esas cosas? Te digo que nos conocemos muy bien.

—Vale, lo que tú digas y ¿cómo te llamas? ¿cómo eres? ¿eres feo? porque entonces vaya chasco que me voy a llevar cuando me rescates.

—Es lo que más me gusta de ti, que siempre te lo tomas todo a risa. Te quiero. Cuándo me veas, sabrás quién soy.

—¿Ah sí?

—Sí. Yo soy Gabriel por ese que tanto suspiras. Nos vemos pronto, nena.

Si te ha gustado, espero que continues leyéndome con El príncipe de Arabia

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