Selección de relatos que escribí para distintos concursos

Mirco relato de Terror (finalista a ganadora para optar a premio, organizados por Daniela Criado de Wattpad):

Un leve crujido seguido de un roce en su vestido atrajo su mirada al espejo. Ahogó un grito. Aquella cabecita infantil desalmada.

Se giró y escrutó temblorosa bajo la luz tenue de las velas, todo estaba en aparente orden, exceptuando las huellas impresas de piececitos que iban hacia ella.

Micro relato ganador de un juego en Historias & Entrevistas de Wattpad:

Los sueños pueden llegar a ser una puerta hacia otro mundo. Yo lo veía así,  siempre tuve la firme convicción que eran portales desconocidos que la humanidad no sabía manejar. Nunca supe si lo que soñaba era cierto hasta que un buen día el FBI se presentó en mi casa y me encerró en una planta aislada del mundo. No entendía que pasaba conmigo. Me habían encerrado sin ningún tipo de explicación.  Lloré en la soledad de esas cuatro paredes. No podía parar hasta que un extraño crujido a mi alrededor me hizo levantar la mirada. Una bruma roja y azul comenzó a formarse a mi alrededor.  Lo vi, estaba tan cerca que tuve que alzar mi mano, quería tocarle, su mirada reflejaba una profunda melancolía.
— Kashia —me llamó con voz profunda. Creo me enamoré de él desde el mismo instante que lo vi por primera vez, su cuerpo fibroso y masculino estaba surcado por numerosas líneas verdes y rojas, eran como tatuajes llenos de símbolos.  Sus ojos rojos me miraban con dulzura.  No podía apartar su mirada de él, me tenía hipnotizada. No era humano, lo sé pero aun así no le temía.
— Rápido, ahora ¡disparar! —gritó el comandante del ejército. Las balas surcaron el aire y atravesaron aquella burbuja que se había formado entre nosotros.
— Noooo —grité entre sollozos—, no le hagáis daño, por favor.
Pero ellos desoyeron mis súplicas.  La bruma desapareció y con ella se llevó a ese ser que de alguna manera formaba parte de mí.
Soy Kashia y ésta es mi historia.

Micro relato Trata de Blancas:

Engañada

Guerra, penurias y miseria, eso era vivir en mi patria. Desesperada como estaba, jugaron con mis sueños.

¡Qué bien! Por fin trabajo. Cómo pude no verlo, éramos muchas en aquel barco de contrabando.

Un proxeneta y un burdel son ahora los dueños de mi ser. Desgarrador, lo sé. Ayúdame!!

Relato elegido para ser publicado en la revista de Autores Indie!!
http://autoresindies.pinarpublisher.co/autores-indies-no-2-ao-2-marzo-23-de-2017#chapter-2151367

Especial con motivo del estreno de la película de Emma Watson Bella y Bestia
LA FIESTA DE BELLA

Era la mañana del segundo día de Bella. Había amanecido un triste día plagado de lluvias e intenso aire. Las gotas repiqueteaban con fuerza sobre aquellas extrañas vidrieras que adornaban a cada tramo las paredes. Lumiere se lamentó de aquella horrible transformación. Ahora en lugar de aquellas coloridas y alegres imágenes sobre temas cotidianos, habían sido reemplazadas por aquellas espantosas imágenes de gárgolas que acechaban a sus inquilinos con aquellas enormes fauces. Meneó la cabeza y desechó aquellos pensamientos, ahora eso ya no tenía solución. En su lugar, esperaban poder conquistar a aquella hermosa muchacha con magia, nadie podía alardear de poseerla más que ellos, impregnaba cada rincón de aquel vetusto castillo. Sí, se dijo más animado, podían sacar ventaja de ello si Bestia ponía de su parte. Bella había dejado abierta la puerta de su habitación, Lumiere y Din Don se asomaron, pero estaba vacía.

— ¿Dónde andará esta muchacha? —se preguntó Lumiere.

— ¿Crees se habrá escapado? —se horrorizó Din Don.

— No seas gafe, es una muchacha muy curiosa. No debe andar muy lejos.

Un ruido de enaguas muy liviano les alertó de la presencia de la muchacha. Estaba junto al gran ventanal que iluminaban aquel piso con la mirada perdida hacia el fantasmagórico jardín, parecía hipnotizada. Se arrebujaba fuerte bajo su chal como acuciada de una frialdad insoportable. Lumiere y Din Don se compadecieron de ella, había sido arrastrada allí por la fuerza lejos de su familia.

— Hola Bella.

— Hola chicos —sonrió la muchacha encantada saliendo de su ensimismamiento.

— ¿Podemos ayudarte? Yo podría ser tu guía, me conozco cada palmo de estas piedras. —Se ofreció Lumiere.

— ¡Muchas gracias, Lumiere! Me encantaría, pero antes me gustaría saber una cosa, ¿qué le gusta a tu señor? —Los ojos almendrados de Bella lo observaban con atención.

— ¿Qué—qué le gusta a mi señor? No entiendo —tartamudeó el pobre Lumiere, echó varias miradas hacia Din Don en busca de ayuda, pero el reloj se encogió de hombros sin saber qué hacer.

— Sí, me encantaría hacer una fiesta, chocolate, un baile…

— ¡Oh, eso sería una fantástica idea! —se entrometió la señora Potts en la conversación que subía en ese momento las escaleras seguido de Chip dando saltitos. Las dos tazas llegaron por fin al rellano donde se encontraban todos reunidos.

— No—no creo el amo esté para muchas fiestas —carraspeó asustado Din Don.

— Venga ya, Din Don, no seas aguafiestas —lo recriminó Chip—, será divertido. Hace mucho que no celebramos nada.

— Entonces ¿me ayudarán? —imploró Bella.

— Claro que sí —se entusiasmó la señora Potts.

— ¿Y ustedes qué dicen Lumiere y Din Don?

— Bueno, no creo haya nada malo en intentarlo ¿no? —dijo no muy convencido Lumiere.

— Yo no creo sea buena idea, el amo digamos no es… temo por su carácter. —Se excusó Din Don.

— Eso déjenmelo a mí —dijo la señora Potts.

— Pero me gustaría que fuese una sorpresa. ¿Sabrán guardar un secreto? —Bella se había agachado para estar a su altura y había cogido a Chip en su regazo con cariño.

— ¿Qué secreto? —rugió Bestia apareciendo de imprevisto por las escaleras.

Din Don corrió a resguardarse detrás de Lumiere y lo empujó contra su señor.

— Ya dije yo que no era buena idea —murmuró Din Don al oído de Lumiere.

— Nada, mi señor, en realidad estábamos… —empezó a tartamudear Lumiere entre fuertes temblores, sus llamas se habían apagado del susto.

—¡Vamos a cocinar! —chilló alegre Chip—, Bella va a prepara la comida de hoy.

Bestia gruñó por lo bajo. Sus espesas cejas se fruncieron y su rostro se convirtió en una máscara gélida y de mal humor.

— Sí no es un inconveniente para usted —musitó Bella poniendo cara de inocente.

— No me gusta cambiar de menú, no necesito de sus artes culinarias… —Se interrumpió a medio camino al ver que todos sus súbditos le suplicaban con la mirada que fuese amable—, pero será su problema, aténgase a las consecuencias si no me agrada —concluyó de mala gana Bestia. Con las mismas se alejó de allí sin echar un último vistazo y desapareció. Todos respiraron aliviados y se sacaron la frente de sudor.

— Por poco —se desinfló Din Don—. A mí no me deis estos sustos que cualquier día desfallezco.

Bella rio alegre.

— Vamos Lumiere. Llevarme a la sala de baile y preparemos la fiesta. Estoy deseando ver la cara que pondrá Bestia al verla.

— Uff no quiero ni imaginármela —resopló Lumiere con ironía.

— Chicos, no seáis tan negativos —los regañó la señora Potts—, en estos momentos lo que necesitamos es un soplo de aire fresco y esta jovencita hará cambiar nuestras vidas. Ya lo veréis.

— Gracias señora Potts —dijo la muchacha agradecida por su apoyo.

El salón de baile tenía los cortinones cerrados e impedían entrara la luz solar a través de sus cristales. Todo el mobiliario estaba cubierto de mantas y polvo. Lumiere iluminó con sus velas el lugar.

— ¡Vaya! —se asombró Bella— Este lugar es maravilloso.

— Debías haberlo visto en pleno esplendor Bella —se emocionó la señora Potts—. Numerosos invitados de todos los palacios vecinos venían con sus mejores galas a disfrutar de esta maravillosa pista de baile. Las parejas ondeaban de aquí para allá bajo la luz de la Luna y la música de nuestra orquesta.

La tristeza los invadió a todos, las caras nostálgicas se sucedían de uno a otro, pero eso no desánimo a Bella que por el contrario trató de insuflar sus ánimos.

— Pues manos a la masa, ¿a que esperamos a darle el esplendor de antaño?

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